viernes, 20 de julio de 2018

Lunes 23 De Julio De 2018 “La Vida En El Espíritu De Todo Creyentes Debe Ser Progresiva”

Lectura Bíblica: Filipenses Cap. 1, versiculos 3 al 7. Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, siempre en todas mis oraciones rogando con gozo por todos vosotros, por vuestra comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora; estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo; como me es justo sentir esto de todos vosotros, por cuanto os tengo en el corazón; y en mis prisiones, y en la defensa y confirmación del evangelio, todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia.

Versic. 3. En todas las cartas en que se afirma que el escritor es Pablo (y creemos firmemente que son de él), la salutación viene seguida, excepto en dos casos (Gálatas y Tito), por palabras calurosas de acción de gracias. La alabanza es dada no a los dioses o a alguna deidad particular (como era común entre los paganos en los días de Pablo), sino a aquel glorioso Ser que el apóstol llama aquí (y en Ro. 1:8; Flm. 4) mi Dios. Sus palabras son: doy gracias a mi Dios.
El apóstol está jubiloso. Pensando en la maravillosa forma en que ha sido conducido y en el amor que por el evangelio y por él ha demostrado la iglesia de Filipos, dice, “doy gracias a mi Dios”. Cf. Sal. 42:11; 63:1. Y continúa cada vez que me acuerdo de vosotros.
Las muchas reflexiones individuales sobre la obra de la gracia en la vida de los filipenses están resumidas en la frase: “cada vez que me acuerdo”, (literalmente “en toda memoria”; sin embargo, a la luz del contexto inmediato la frase tiene un sentido posesivo: “en toda mi memoria”).
Versic.4. Ahora bien, la acción de gracias, al hacer que uno tenga que reflexionar en las bendiciones, aumenta el gozo. Por lo tanto sigue a continuación un paréntesis en el cual se indica una circunstancia que acompaña a la acción de gracias: siempre en todas mis oraciones rogando con gozo por todos vosotros. Una oración (o súplica) es una petición que se hace para que una determinada necesidad que es sentida agudamente, sea satisfecha. También en Filipos había necesidades espirituales definidas: las imperfecciones (Fil. 1:9–11; 2:2, 4, 14, 15;4:2) y los peligros (Fil. 3:2, 18, 19). Por eso Pablo implora al Señor muchas veces (siempre…en todas mis oraciones) para que estas necesidades sean suplidas. En la súplica no queda excluido nadie (por todos vosotros). Sin embargo, la nota característica es ésta: puesto que había sobrados motivos para dar gracias, Pablo hace su oración con gozo, porque la oración con acción de gracias es una oración gozosa.
Versic.5. La razón inmediata para esta acción de gracias la tenemos en el versículo 5, y la remota en el versículo 6. Estas dos razones no deben ser separadas. Lo que Pablo quiere decir es esto: “vuestra perseverancia en la participación unánime en la obra del evangelio (v. 5) me ha convencido de que sois objetos de la preservación divina (v. 6). Por todo ello doy gracias a mi Dios (v. 3), rogando con gozo (v. 4)”. El mismo razonamiento lo encontramos en 1 Ts.1:2–5, donde la vida cristiana que los creyentes manifiestan día a día es considerada como una muestra indubitable de su elección eterna. Por todo ello Pablo da gracias a Dios
Volviendo entonces a la razón inmediata para la acción de gracias, leemos: agradecido (se deriva del v. 3) por vuestra comunión en el evangelio.
La comunión de todos los creyentes en Cristo.
(1) Es una comunión de gracia. No es una comunión natural o platónica, ni tampoco de manufactura humana, o sea, creada u organizada por el hombre, como un club o sociedad. El hombre ni siquiera la merece. Es una comunión efectuada soberanamente por Jesucristo (1 Co. 1:9), y es el don del Espíritu (2 Co. 13:13; Fil. 2:1) enviado por el Padre. Fuera de Cristo y de su Espíritu esta comunión es completamente imposible. Hablando con toda propiedad, podemos decir que este lazo entre Cristo y su pueblo precede al tiempo, puesto que los suyos fueron escogidos en él desde la eternidad (Ef. 1:4).
En el tiempo, Jesucristo es, por así decirlo, el Imán que atrae hacia sí a aquellos que le han sido dados por el Padre (Jn. 12:32; 17:2, 9, 11, 24). Y los atrae por su Palabra y Espíritu. Este Espíritu les aplica los méritos de la muerte del Salvador. Jesús, por medio de su crucifixión, resurrección, ascensión, y coronación, atrae hacia sí (es decir, hacia una fe permanente en sí mismo) a todos los elegidos de Dios sin distinción de edad, región o nación. Estos, en la persona de su Fiador, Cristo Jesús, han sido juzgados, condenados, y crucificados; y también vivificados y resucitados con El. Con él moran en lugares celestiales. Su vida está escondida con Cristo en Dios. Esta verdad, consecuentemente, afecta a su estado y a su condición. Su santificación, tanto como su justificación, sólo se realiza a través de Cristo. Todo es de gracia. Es verdaderamente una comunión íntima; tan íntima que, mientras los creyentes están en la tierra, completan lo que falta de los sufrimientos de Cristo (véase Col. 1:24).
(2) Es, consecuentemente, una comunión de fe. Así como Cristo atrae a los pecadores a sí mismo por medio de su obra redentora, revelada a ellos por la Palabra y aplicada por el Espíritu, éstos se acercan a El y le aceptan mediante una fe viva, la cual es un don del Espíritu. Hay en consecuencia una participación de fe en los sufrimientos, en el cuerpo, y en la sangre de Cristo (Fil. 3:10; 1 Co. 10:16; 2 Co. 1:7; y cf. Flm. 6), así como en su resurrección y gloria (Fil. 3:10; Col. 3:1). La fe conmemora la muerte de Jesús, se regocija en su presencia, y espera su revelación en gloria.
(3) Es una comunión en oración y acción de gracias. La fe se expresa por medio de estas devociones. Los creyentes oran solos y unidos. Ellos glorifican a Dios por medio de sus oraciones. También en ellas, así como en las acciones de gracias, se recuerdan los unos a los otros (Fil. 1:3, 5, 9, 11). Por lo tanto,
(4) Es una comunión de los unos con los otros en amor mutuo. El mismo Imán que atrae a los pecadores hacia sí mismo, también los introduce en una mutua hermandad con todos los demás creyentes. Por ello cada uno de por sí acoge a los demás en su corazón y los anhela (Fil. 1:7, 8; 2:2; 4:2; cf. Jn. 13:34).
(5) Es, por lo tanto, una comunión de ayuda mutua, una comunión que acude en socorro de las necesidades de todos. Los creyentes hacen patente su comunión de amor recordando a los pobres entre ellos, no importa quienes sean, ni su raza, ni donde vivan (Ro. 15:26; 2 Co. 8:4). Además, la ponen en práctica ayudando a los misioneros en sus necesidades, como ocurrió ciertamente con los creyentes filipenses, quienes “entraron en asociación” con Pablo en cuanto a gastos e ingresos (Fil. 4:15, que también pertenece al punto 6).
(6) Es, en consecuencia, una comunión que fomenta la obra del evangelio. Es una cooperación activa en las actividades evangélicas (Fil. 1:5; cf. 1 Co. 9:23). Aquellos que son hermanos en esta participación común se dan la diestra en señal de compañerismo y en reconocimiento de una sincera cooperación en la obra del reino (Gá. 2:9).
(7) Es una comunión en la separación. Y aunque parezca paradójico, es cierto. La koinonía es una comunión en contraste con el mundo. La unión con Cristo siempre significa separación del mundo, es decir, dejar los pensamientos, los propósitos, las palabras, los caminos, etc., mundanos. Porque ¿qué comunión tiene la luz con las tinieblas? (2 Co. 6:14; cf. Stg. 4:4; 1 Jn. 2:15).
(8) Finalmente, es una comunión en la lucha. Los creyentes luchan hombro a hombro contra un enemigo común (Fil. 1:27–30; 2:25).
Debemos considerar la expresión “doy gracias a Dios por vuestra comunión en el evangelio” teniendo presentes estos ocho puntos. Entonces comprenderemos que no solamente indica que los filipenses habían “recibido el evangelio por la fe” (Juan Calvino), sino mucho más. Naturalmente, esta aceptación por la fe está implícita. Pero el énfasis de la acción de gracias recae sobre la sincera cooperación en la obra del evangelio (cf. 1 Co. 9:23), una participación unánime que ha sido manifiesta desde el primer día hasta ahora (para la misma frase “hasta ahora”, véase Ro. 8:22). En cuanto el Señor abrió el corazón de Lidia por medio del evangelio, esta maravillosa mujer abrió también las puertas de su casa a los obreros de las buenas nuevas (Hch. 16:14, 15), y nunca más las volvió a cerrar. En efecto, ofreció tan ampliamente su hogar que, lo que fuera “cuartel general” de los misioneros, se convirtió en “iglesia” (lugar de reunión) para los primeros convertidos de Filipos (Hch. 16:40). Cuán tiernamente, también, lavó el carcelero los azotes de los misioneros y les dio de comer (Hch. 16:19–34). ¿No es lógico pensar que este hombre continuara manifestando el mismo espíritu? Además, cuando, al regreso de su segundo viaje misionero, Pablo llegó a Tesalónica, punto siguiente a Filipos, los filipenses le enviaron ofrendas una y otra vez para impulsar la obra del evangelio (Fil. 4:16). También durante este mismo viaje el apóstol llegó a pasar necesidad en Corinto, pero no fue gravoso a aquella iglesia, ya que “los hermanos que vinieron de Macedonia” suplieron una vez más cuanto le faltaba (2 Co. 11:9). Y así, siempre que la oportunidad se presentaba y a veces no se presentó (Fil. 4:10) este noble grupo de cristianos demostró la verdad
del proverbio que dice: “En la adversidad se conocen los amigos”. La reciente y heroica misión de Epafrodito, que arriesgó su propia vida en interés de la buena causa, fue, por así decirlo, el clímax de estas gloriosas muestras de “comunión en el evangelio desde el primer día hasta ahora” (Fil. 2:25; 4:13, 18).
Hay varios hechos que resaltan en gran manera esta cooperación activa.
(1) Fue una comunión en pro del fomento del evangelio (nótese εἱς), no solamente en interés de un buen amigo como Pablo. En el corazón de los filipenses había cabida para otros además de él. Por ejemplo, ellos dieron un magnífico ejemplo de caridad cristiana (junto con los otros creyentes de Macedonia) ayudando a las necesidades de los santos pobres de Jerusalén (2 Co. 8:1–5).
(2) Fue excepcional. Ninguna otra iglesia había manifestado tan alto grado de comunión (Fil. 4:15).
(3) Fue espontánea. Siempre que hubo una necesidad y la oportunidad para socorrerla, los macedonios (incluyendo seguramente a los filipenses) dieron voluntariamente y con agrado (2 Co. 8:2, 3).
(4) Esta cooperación incluyó el dar conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas (2 Co. 8:3).
(5) No fue cosa de un impulso pasajero, sino de un principio perdurable. La misma frase (en Fil. 1:5) “desde el primer día hasta ahora” resalta la perseverancia en contra de todos los inconvenientes. Los filipenses no perdieron su primer amor a lo largo de toda aquella década (contrástese Ap. 2:4). Las oraciones, las simpatías, los testimonios, la buena voluntad en contribuir liberalmente, nunca cesaron.
 Versic. 6. Pablo da gracias a Dios porque fue El quién imprimió su propia imagen en el corazón de los filipenses. De ahí que a la razón próxima o inmediata de la acción de gracias, el apóstol añade ahora la razón remota: estando confiado precisamente de esto, que el que comenzó en vosotros una buena obra, la perfeccionará. Nótese cuan estrechamente relaciona el apóstol la perseverancia humana (“vuestra comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora”) con la preservación divina (“el que comenzó en vosotros una buena obra, la perfeccionará). Cualquier doctrina de la salvación que no haga plena justicia a estos dos elementos, no es bíblica. Véase Fil. 2:12, 13; 2 Ts. 2:13. Aunque es cierto que Dios perfeccionará su obra, también es cierto que, cuando Dios la ha comenzado en seres humanos, éstos, en ningún modo, permanecen como instrumentos pasivos.
“El que comenzó una buena obra en vosotros”, es Dios, como es evidente por el contexto, “Doy gracias a mi Dios … estando confiado de esto, que el que comenzó en vosotros una buena obra, etc.” Cuando el nombre, la actitud, o la actividad de Dios están claramente implicados, El no siempre es mencionado por nombre. En efecto, al no mencionarle y decir simplemente el que, hay a menudo en tales casos mejor ocasión para resaltar su disposición o su actividad: “El que hace esto, ciertamente hará también aquello”. Así, William Cullen Bryant
dice bellamente (en su poema “A un pájaro acuático”):

“El que de tierra a tierra tu seguro vuelo guía
por el firmamento sin fronteras, sin lindero,
en la larga ruta que he de hollar sin compañía
hará mis pasos y mi caminar certero”.

La buena obra que Dios comenzó en los corazones y en las vidas de los filipenses fue la de la gracia, por la cual fueron transformados. Esta obra, en verdad, fue buena en su origen, calidad, propósito, y resultado. El resultado había sido el querer y el hacer de ellos, por el beneplácito de Dios (Fil. 2:12, 13); específicamente, su propia y sincera cooperación en todo cuanto pudiera ayudar al progreso del evangelio.
Pablo está persuadido de que Dios no permitirá que su buena obra de transformación y capacitación quede incompleta. La expresión “la perfeccionará” implica “y la presentará completa”.
Por tanto, de la oscuridad y la aflicción de una prisión romana llega al corazón de cada creyente de Filipos un mensaje de aliento que les hace decir:
“La obra que en mí es por ti comenzada será por tu gracia plenamente consumada”. Dios, por lo tanto, no es como el hombre. Los hombres hacen experimentos y dejan las cosas a medio hacer; pero Dios ejecuta sus planes hasta el final y con éxito.
Esta enseñanza de la preservación divina para una vida de servicio (que implica, lógicamente, la perseverancia humana) está en armonía con la enseñanza de toda la Biblia, la cual nos habla de:
una fidelidad que nunca será quitada (Sal. 89:33; 138:8),
una vida que nunca tendrá fin (Jn. 3:16),
una fuente de agua que jamás dejará de brotar dentro de aquel que la beba (Jn. 4:14),
un don que nunca será perdido (Jn. 6:37, 39),
una mano de la cual las ovejas del Buen Pastor nunca serán arrebatadas (Jn. 10:28),
una cadena que jamás se romperá (Ro. 8:29, 30),
un amor del cual nunca seremos separados (Ro. 8:39),
un llamamiento que nunca será revocado (Ro. 11:29),
un fundamento que jamás será destruido (2 Ti. 2:19),
y una herencia que nunca se corromperá (1 P. 1:4, 5).

Es necesario hacer hincapié, sin embargo, que, de acuerdo con el contexto de este versículo (y de todas las Escrituras), esta preservación no es hecha con miras a un fin egoísta, sino para una vida entregada y de servicio. La acción de la gracia capacita al hombre para la obra.
Así pues, Dios perfeccionará su obra hasta el día de Jesucristo, cuando alcanzará su culminación. Este día es también llamado:
el día de Cristo (Fil. 1:10; 2:16),
el día de nuestra Señor Jesús (Cristo) (1 Co. 1:8; cf. 2 Co. 1:14),
el día del Señor (1 Ts. 5:2; 2 Ts. 2:2; cf. 1 Co. 5:5),
el día (1 Ts. 5:4),
aquel día (1 Ts. 5:4; 2 Ts. 1:10),
la parousia (del Señor, de nuestro Señor Jesús, etc.) 1 Ts. 2:19; 3:13; 4:15; 5:23; 2 Ts. 2:1, 8 cf. 1 Co. 15:23; etc.
Se le llama el día de Cristo Jesús porque en ese día El será manifestado en gloria, será recibido por su novia (la iglesia), y juzgará, y, de esta forma, será públicamente vindicado.
Hasta que ese día no llegue, la buena obra de Dios, obra que capacitó a los que fueron objeto de ella para una sincera cooperación en la divulgación del evangelio, obra que culminará en la comunión perfecta, no será acabada. Además, se requieren todos los redimidos hijos de Dios para perfeccionar un solo hijo redimido. Un ladrillo puede parecer un producto acabado y perfecto, pero será algo solitario e inútil hasta que sea colocado en el lugar que le corresponde, y todas las filas y capas estén puestas, y el hermoso templo sea terminado. Así también ocurre con los hijos de Dios; son como piedras vivas que formarán un perfecto y bello templo cuando Jesús vuelva, pero no hasta aquel entonces. Los creyentes son como la luz de la aurora que va en aumento hasta que el día es perfecto. Porque entonces será que él que comenzó en ellos la buena obra, la habrá perfeccionado.
Versic.7. Pablo nos muestra que su confianza (véase el v. 6) con respecto a los filipenses está bien fundamentada, cuando añade: me es justo sentir esto acerca de todos vosotros, por cuanto os llevo en el corazón.
La actitud de Pablo hacia ellos (no sólo su opinión) se ha manifestado claramente al principio de esta larga frase: él da gracias a Dios por ellos, ruega por ellos con gozo, ya que está agradecido por su comunión en el evangelio, etc. Por esta disposición suya, el apóstol no pide para sí ningún honor especial. El dice: “me es justo (moralmente obligatorio) sentir esto (o estar así dispuesto)” (cf. Fil. 2:5; 3:15, 19; 4:2; también Ro. 8:5; 11:20; 1 Co. 13:11; Gá. 5:10). Hubiese sido impropio que, estando convencido en lo más profundo de su ser de la lealtad de los filipenses a la causa de Dios, hubiese rehuido el dar gracias a Dios por ellos y les hubiese mostrado mala voluntad. El apóstol los lleva a todos en su corazón, y el corazón es la sede tanto de las disposiciones como de los sentimientos y pensamientos (véase Mt. 15:19; 22:37; 1 Ti. 1:5). De él mana la vida (Pr. 4:23). Y el hecho, a su vez, de que el apóstol ame a los filipenses en su corazón, encuentra fácil explicación en la situación sobre la cual realmente recae el énfasis, es a saber: todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia. Estos filipenses habían dado pruebas de que su comunión era real (véase Fil. 1:5). En consecuencia Pablo les llama “participantes conmigo de la gracia” (literalmente es así), es decir, de la operación de la gracia de Dios que capacita para obrar en pro del evangelio, para sufrir por él, y para ayudar a los que lo proclaman y defienden. En cuanto a esta palabra gracia Pablo continúa: (como es evidente), tanto en mis prisiones como en la defensa y confirmación del evangelio. 
Los filipenses dieron muestra de su participación con Pablo en la gracia de Dios. Lo hicieron evidente en sus prisiones, o sea, en su encarcelamiento y también en algo que estaba estrechamente relacionado con ello, y que se menciona inmediatamente después: en la defensa y confirmación del evangelio.
Es evidente de esta cláusula que cuando Pablo escribió estas palabras ya había comparecido ante las autoridades romanas. Testificó de sí mismo como heraldo del evangelio.
Lo había defendido quitando dudas y sospechas, y lo había confirmado declarando positivamente su significado. Naturalmente, estas dos actividades (defensa y confirmación) coinciden en mucho. Y los filipenses habían demostrado que estaban profundamente interesados en todo esto. Ellos habían orado por Pablo, y habían simpatizado con él en sus experiencias ¿No eran las suyas parecidas? ¿No tenían el mismo conflicto que él? Véase Fil. 1:29, 30.—Y le habían mandado su representante personal con una ofrenda para que le atendiera en todo cuanto fuese posible. (Fil. 2:25; 4:10–14, 18). Epafrodito había entregado su donativo y había comenzado su trabajo en Roma. Del hecho de que posteriormente no pudiera atender a Pablo durante una temporada, nadie tenía la culpa. El motivo fue que este valioso embajador, ayudando y atendiendo a Pablo diligentemente, ¡había caído gravemente enfermo, estando a las mismas puertas de la muerte! (Fil. 2:27).

1er Titulo:
En El Batallar Diario, Dios Perfecciona a Sus Hijos. 1 de Pedro 5:10. Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.
Comentario: ¡Qué bendición tan hermosa! Fulgura en su sencillez, y sin embargo tiene gran profundidad. Cada palabra es significativa en esta oración.
a. “Y Dios mismo, el Dios de toda gracia”. La partícula conjuntiva y, que algunos traductores interpretan
como un pero para marcar contraste con lo que inmediatamente antecede, introduce una oración adecuada para el cierre del epílogo. En esta oración Pedro eleva su voz al “Dios de toda gracia”. Este es el único lugar de todo el Nuevo Testamento en que encontramos esta redacción, excepción hecha de un paralelo que encontramos en 2 Corintios 1:3, donde Pablo escribe: “El Dios de todo consolación”. Pedro da a entender que Dios es la fuente, el poseedor y el dador de toda gracia. El apóstol menciona el concepto gracia repetidamente en su epístola. Enseña que la gracia de Dios es rica y variada (4:10) y que se otorga a los que son humildes (5:5).
b. “Que los llamó a su gloria eterna en Cristo”. El término llamó no consiste simplemente en una invitación que la persona pueda aceptar o rechazar según le guste. “Es una convocatoria divina”. Es un mandato real que el receptor debe obedecer y no puede dejar al lado. 
Además, Pedro revela que Dios nos llama a la santidad (1:15), a su luz maravillosa (2:9), a servir (2:21; 3:9), y a la gloria eterna (5:10). Este llamamiento es eficaz y es consecuencia de la elección por medio de la cual Dios nos escoge, nos santifica y nos llama a la obediencia (1:2).
Nótese que Pedro añade el nombre de Cristo cuando dice que Dios llamó a los receptores de esta carta “a su eterna gloria”. Es decir, Dios los llamó eficazmente en Cristo. Dios lo ha escogido en Cristo antes de la creación del mundo” (Ef. 1:4) y los ha llamado en él en la era presente (Ro. 8:30). Las buenas nuevas son que ellos tendrán su parte en la gloria eterna de Dios (4:13; 5:1, 4).
c. “Después que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo”. Pedro especifica que entrar a la gloria eterna de Dios es algo que sucede después que los creyentes hayan experimentado un breve período de sufrimiento. El contraste entre el sufrimiento humano y la eternidad de la gloria de Dios es claro. Por el momento la intensidad del sufrimiento parece severa, pero es a la vez pequeño y de breve duración comparado con la gloria de la eternidad (1:6; Ro. 8:18; 2 Co. 4:17).
d. “[Dios] los restaurará”. El significado básico de la palabra griega “restaurar” es el de arreglar lo que ha estado roto de tal modo que quede íntegro de nuevo. Pablo insta a los hermanos y hermanas cristianas a restaurar con ternura a la persona que ha caído en pecado (Gá. 6:1). En su misericordia, Dios toma al pecador caído y lo perfecciona; es decir, lo transforma en lo que debiera ser. Una traducción encomiable es la siguiente: “[Dios] se ocupará de que todo esté nuevamente bien” (BJer).
e. “Y los hará fuertes, firmes, y estables”. La NVI tiene una serie de tres adjetivos, pero el griego tiene tres verbos: “os confirmará, fortalecerá y establecerá” (NASB).368 Dios sigue con la tarea de restaurar al hombre. Pedro dice que Dios hace fuertes a los creyentes en su fe. El apóstol recuerda las palabras que Jesús dijo en la noche de la traición: “He orado por ti, Símon, que tu fe no falte; y tú una vez vuelto, confirma a tus hermanos”. (Lc. 22:32, bastardillas añadidas). En griego, Pedro utiliza la misma palabra que Jesús usó con él.
El verbo siguiente, que traducimos “los hará firmes” (NVI), sólo aparece esta única vez en todo el Nuevo Testamento y en toda la literatura griega. El último verbo “hará estables” significa literalmente “poner un cimiento”, y en sentido figurado, “establecer”.369 Estos verbos son sinónimos y sirven para enfatizar el significado de la obra de Dios en nosotros. Por medio de esta oración Pedro anima a los creyentes, quienes experimentan sufrimientos incontables por Cristo, y les da la certidumbre de que Dios está junto a ellos.
f. “A él sea el poder por los siglos de los siglos. Amén.” Esta es la conclusión de la oración de Pedro. Aparte de la omisión de la palabra gloria, y de la falta del verbo ser en el texto griego, esta doxología es una repetición de un pasaje anterior (4:11). En algunos pasajes aparece la expresión poder (1 Ti. 6:16; 1 P. 4:11; 5:11; Jud. 25; Ap. 1:6; 5:13). Junto con otros términos, se usa para describir majestad y grandeza. Es un término que se utiliza como atributo o título aplicable a gobernantes (reyes y emperadores) y a Dios.

2° Titulo:;
La Unidad En El Pueblo Cristiano Trae Desarrollo Espiritual. Colosenses 2.19. Y no asiéndose de la Cabeza, en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios.
Comentario: El problema con este individuo (una amalgama de visionario, filósofo, ritualista, adorador
de ángeles y asceta) es que está apoyándose en las cosas que ha visto … y no asido firmemente de la Cabeza. No se aferra a Cristo. Falla al no darse cuenta que Cristo es todosuficiente para la salvación, y que todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento están escondidos en él (Col. 2:3, 9, 10). Por lo tanto, Pablo prosigue, de la cual todo el cuerpo, sostenido y unido por las coyunturas y ligamentos, crece con un crecimiento (que es) de Dios. No debería ser necesario defender la proposición de que cuando el apóstol, habiendo hablado de Cristo como de la cabeza, ahora habla acerca de todo el cuerpo, él está pensando en la iglesia. Es más que evidente que en esta conexión, éste es el único significado posible, lo cual también se demuestra claramente por pasajes como Col. 1:18, 24; 3:15; Ef. 1:22, 23; 4:16.
La figura básica de estas palabras es la del crecimiento del cuerpo humano. Algunos han puesto en duda la aptitud de la metáfora que Pablo usa aquí, y esto por dos razones:
Objeción No. 1. El apóstol da a entender que la cabeza del cuerpo humano es la fuente del crecimiento. Esto es fisiología antigua y errónea.
Respuesta. Como ya se ha indicado en Col. 1:18, la hormona que está íntimamente relacionada con el crecimiento de los tejidos conectivos y con el esqueleto, se origina en la glándula pituitaria, la cual se aloja en una pequeña cavidad en la base del cráneo. Y ésta es sólo una de las tantas formas en que la cabeza ejerce una influencia considerable sobre el crecimiento del cuerpo.
Objeción No. 2. Según Pablo, el cuerpo es “alimentado” (V.R.V.) por las coyunturas y ligamentos. En forma similar, Lightfoot afirma que una de las dos funciones de las coyunturas y ligamentos es “suplir alimento”. Pero ahora se sabe que no son las coyunturas y ligamentos, sino que es la corriente sanguínea la que lleva la nutrición a las diversas células y tejidos del cuerpo humano. Por tanto, Pablo está en un error.
Respuesta. La traducción correcta “todo el cuerpo, sostenido y unido por las coyunturas y ligamentos”. Ahora bien, el hecho de que el cuerpo es, en verdad, soportado y unido en esta forma es algo bien sabido. No es refutado ni por la ciencia más moderna que podamos encontrar. Por lo tanto, en lugar de sugerir que el apóstol está basando su argumento en una “fisiología inexacta”, deberíamos preguntar si la traducción según la cual las coyunturas y los ligamentos “suplen alimento” (o nutrición) al cuerpo, no es una “traducción inexacta”.
Con esto terminamos de hablar sobre la figura básica. Ahora bien, en cuanto al verdadero mensaje que el apóstol desea comunicar, podemos decir que es evidente que la idea principal, según el contexto, es que toda la iglesia debe su crecimiento a Cristo. La iglesia no necesita ni debe buscar otra fuente de poder para vencer el pecado o para crecer en conocimiento, virtud y gozo. Como el cuerpo humano, cuando está debidamente sostenido y unido por las coyunturas y los ligamentos, experimenta un crecimiento normal, así también la iglesia, cuando cada uno de sus miembros soporta y mantiene un estrecho contacto uno con otro, proseguirá, bajo el cuidado alentador de Dios, de gracia en gracia y de gloria en gloria (cf. 1Co. 12; Ef. 4:16).

3er Titulo:
Llamados a Llegar a La Estatura, Plenitud De Cristo. Efesios 4: 13 al 15. hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo.
Comentario:
El ideal que se tiene en vista en relación a la edificación del cuerpo de Cristo está declarando en el versículo 13. hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del claro conocimiento del Hijo de Dios. Esto nos hace volver nuevamente a la unidad espiritual requerida en el v. 3, y a la “una fe” a la cual se hizo referencia en el v. 5. Nos hace recordar también 3:19: “para que seáis llenos hasta toda la plenitud de Dios”. Cuando el v. 13 se considera a la luz de los versículos precedentes se hace evidente que lo que el apóstol tiene en mente es que la iglesia entera—consistiendo no sólo de apóstoles, profetas, evangelistas, “pastores y maestros”, sino también los demás—debe ser fiel a su llamamiento de servir, con miras a la edificación del cuerpo de Cristo, de modo que la verdadera unidad y crecimiento espiritual sean promovidos. Obsérvese, “todos lleguemos”. No hay lugar en la iglesia para zánganos, sino sólo para abejas diligentes. A los tesalonicenses el apóstol había dicho, “porque oímos que algunos entre vosotros se están comportando en forma desordenada, no siendo aplicados trabajadores sino curiosos entremetidos” (2 Ts. 3:11). Pablo censura severamente esta actitud. Es precisamente
la unidad lo que se promueve cuando todos están ocupados en los asuntos de la iglesia y cuando los miembros se dedican a hacer el servicio para el cual el Señor los ha equipado. Así ha sucedido a menudo con jóvenes que comienzan a impregnarse de entusiasmo al desenvolverse en este o aquel programa de la iglesia. Por ejemplo, la junta de misiones domésticas de cierta denominación inició un programa de actividades de verano. Este programa requiere de los jóvenes envueltos en él que, en distintos lugares a través de todo el país, y por varias semanas del verano, reciban no sólo instrucción especial con respecto a los propósitos y métodos misioneros sino que también hagan contactos con aquellos que no han sido antes ganados para Cristo. Ellos llevan el mensaje, enseñan, organizan varias actividades sociales y religiosas, no les importa vivir por algún tiempo en un sector de clase muy baja en estrecho y beneficioso contacto con la comunidad. ¡Cómo brillan los ojos de estos jóvenes cuando vuelven! Ahora tienen una experiencia que contar y se les ve con encendido interés para Cristo y la iglesia como nunca lo tuvieron antes. A menudo estos contactos hechos durante el verano continúan por medio de correspondencia y visitas. Además, las sociedades de jóvenes y las congregaciones que han tomado parte patrocinando el programa, y estando así también implicadas, reciben nueva bendición cuando los jóvenes testigos vuelven con sus informes. De esta manera, se ha promovido la unidad, unidad de fe en Cristo y de conocimiento no sólo intelectual sino conocimiento del corazón—del Señor y Salvador, a quien por su majestad y magnificencia, se le llama aquí “el Hijo de Dios” (cf. Ro. 1:4; Gá. 2:20; 1 Ts. 1:10). De este modo todos los creyentes avanzan hacia la madurez. La figura fundamental es la de un varón fuerte, maduro, bien formado (no únicamente un “ser humano”). Esta madurez se describe en Col. 4:12 como sigue: “enteramente asegurados en toda la voluntad de Dios”. Tal como a un hombre físicamente robusto se le puede describir como lleno de viril fortaleza y sin defecto, así también el individuo espiritualmente maduro la madurez que debe ser el ideal—es sin defecto espiritual, lleno de lo bueno, vale decir, de toda virtud cristiana que proviene de la fe en y conocimiento del corazón de, el Hijo de Dios. Continúa: a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Se podría traducir también, “a una medida de edad caracterizada por la plenitud de Cristo” Sea que en la figura fundamental se trate de plenitud de edad o plenitud de estatura, en cualquiera de los casos es una “plenitud de Cristo”. Es la plenitud de aquel que cumplió totalmente la misión terrenal para la cual fue ungido, y que anhela impartir salvación plena y gratuita a los que creen en él.
A menudo surge la pregunta, ¿Pueden los creyentes durante la vida presente llegar a esta “medida de la estatura de la plenitud de Cristo”? De acuerdo a algunos, sí. Sin embargo, el pasaje mismo en realidad no enseña esto. Podemos aceptar, indudablemente, que no todos permanecen como “bebés” en Cristo. Algún grado—o mejor, un alto grado—de madurez se puede obtener aquí ahora mismo. Y cuanto más sinceramente se esfuercen los santos en alcanzarla realizando con humildad y de todo corazón la obra de servicio de unos para otros y para el reino en general, tanto más se avanzará hacia este ideal. Sin embargo, aquella plena madurez espiritual, que en su más alto grado alcanza a “la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”, no es realizable antes de la muerte. Pablo sería uno de los primeros en admitir esto. Obsérvese lo que dijo con respecto a sí mismo en Ro. 7:14: “mas yo soy carnal, vendido bajo el poder del pecado”; y lo que habría de decir muy poco después de que esta carta a los efesios hubiese llegado a su destino: “Hermanos, yo no creo haberla aún alcanzado; pero una cosa (hago), olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo hacia la meta, hacia el galardón de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús” (Fil. 3:13, 14). Con respecto a lo demás, en cuanto a grado, tiempo y posibilidades de alcanzarlo véase sobre 3:19 donde está analizado el mismo tema.
Sin embargo, es posible lograr un excelente crecimiento en madurez por medio del esfuerzo humano que dimana de y es sustentado de principio a fin por el Espíritu Santo. Esto es evidente según las palabras que siguen: 14, 15.… para que ya no seamos más niños llevados de aquí para allá por las olas y girados en remolino por toda ventolera de doctrina, por las tretas de los hombres, por (su) astucia para tramar el error; sino que, aferrándonos a la verdad en amor, crezcamos en todas las cosas en él que es la cabeza, esto es, Cristo.
El ideal de la plena madurez cristiana está caracterizado en el v. 14 por medio de su aspecto negativo y en el v. 15 por su aspecto positivo. En su esfuerzo para alcanzar la meta y avanzar en aquella dirección, los creyentes son estimulados por el deseo de no ser ya más como niños desvalidos en un barco que no pueden controlar en medio del mar agitado por las olas en la tempestad. Pablo sabía muy bien lo que significaba “ser lanzado de aquí para allá” por las olas. Mientras escribía esta carta, debe haber tenido presente ante sí el cuadro de gráfico espanto vivido en el viaje que lo llevó a su presente prisión en Roma (Hch. 27:14–44, especialmente
el v. 27). Pero el ser llevados de aquí para allá y girados en remolino “por toda ventolera de doctrina” es peor aun que experimentar los peligros del mar. ¿Qué era realmente lo que el apóstol tenía en mente cuando así amonestó a los efesios? Bien haremos aquí en tener presente dos hechos: a. que la mayoría de los lectores eran en realidad recientes convertidos del paganismo; y b. que, aunque debemos, por tanto, deducir que la descripción era especialmente aplicable a ellos, no obstante el apóstol no puede haber estado pensando solamente en estos convertidos del mundo gentil, puesto que usa la primera persona plural, diciendo, “que ya no seamos más niños llevados de aquí para allá”, etc. El que los paganos en su ceguedad y superstición sean a menudo arrastrados por las olas y los vientos de la opinión pública, dando oído a las últimas novedades, se ilustra gráficamente en el relato de Lucas sobre la experiencia de Pablo y Bernabé en Listra. Primero sostuvieron que Pablo era Mercurio, y Bernabé Júpiter. Poco después esta misma gente se dejó persuadir por los malvados judíos y apedrearon a Pablo dejándole casi muerto (Hch. 14:8–20). Pero aun los seguidores de Jesús tienen mucho que aprender con respecto a esto. Un caso típico de inestabilidad, antes de llegar a ser de hecho “una roca”, fue Simón Pedro. En los Evangelio se le describe como hombre que oscila constantemente de un extremo a otro. Le vemos ahora caminando osadamente sobre las aguas (Mt. 14:28); muy luego se halla gritando, “¡Señor, sálvame!” (Mt. 14:30). En un momento hace una gloriosa confesión (Mt. 16:16). Aún no se apagan los ecos de esta notable declaración, cuando comienza a reprender a Cristo mismo a quien había confesado (Mt. 16:22). Promete su vida por Jesús (Jn. 13:37). Horas más tarde se halla repetidamente vociferando “no soy su discípulo” (Jn. 18:17, 25). Después de la victoriosa resurrección de Cristo corre a la zaga de Juan hacia la tumba. Al llegar, entra a ella antes que Juan (Jn. 20:4–6). En Antioquía primero desecha todas las ideas de segregación racial y come con los gentiles. Muy pronto se aparta totalmente de los convertidos del mundo pagano (Gá.2:11, 12).
Además de sus dificultades con Pedro, Pablo tuvo otras tristes experiencias con la confusa y fluctuante humanidad. En su primer viaje misionero Juan Marcos le había abandonado (Hch. 13:13; 15:38). Los Gálatas se habían apartado del evangelio (Gá. 1:6). Y durante este mismo tiempo, mientras Pablo escribía sus “epístolas carcelarias”, algunos de los miembros de la iglesia de Colosas deben haber estado en un verdadero peligro de prestar oídos a los falsos filósofos. El apóstol sabe que no hay nada tan estabilizador como ocuparse día tras día en servicio lleno de amor hacia Cristo. Nadie aprende la verdad más rápido que aquel que, con sinceridad de corazón y consagración, enseña a otros. Ojalá entonces, que los efesios desvíen su atención de “las tretas de los hombres”, y se sumerjan totalmente en la obra del reino. El pensamiento del contexto aquí es: todos los santos, bajo la dirección de los apóstoles, profetas, evangelistas, “pastores y maestros”, unidos como un hombre para la obra del ministerio.
El término “tretas”, que se aplica a todos aquellos que en realidad intentaban desviar a los creyentes, es kubeia, de kúbos, que significa cubo, dado. Pablo tiene en mente, entonces, el juego de dados en el cual se usaban tretas o engaños para ganar. De ahí que la palabra llegó a significar treta; aquí “tretas humanas”, “literalmente el talento, la prontitud para usar cualquier medio para tramar el error”. Los pensamientos y planes de estas astutas personas estaban constantemente dirigidos hacia (griego πρός) “los métodos para engañar”. Cf. Col. 2:4, 8,18, 23; luego también Ro. 6:17, 18; 2 Co. 2:17; 11:13; Gá. 2:4.
Ahora bien, el error jamás puede ser vencido por mera negación. Contra los engaños de los maestros del error los efesios debía aferrarse a la verdad, esto es, practicar la integridad. ¿Y qué ministerio (véase v. 12) puede ser más noble que aquel que, resistiendo resueltamente al error, oponiendo contra él la fidelidad “de la palabra y la vida”, realiza todo esto en un espíritu de amor? Existen dos grandes enemigos en contra de un ministerio próspero, sea que éste se desarrolle entre creyentes o entre no creyentes. Uno es el apartarse de la verdad, el acomodarse a la mentira, sea en palabras o en hechos. El otro es la fría indiferencia con respecto a corazones y vidas, dificultades y pruebas, de las personas que uno ostensiblemente está procurando persuadir. Pablo tiene la verdadera solución: la verdad ha de ser puesta en práctica con amor (3:18; 4:2; 5:1, 2), que era exactamente lo que en forma constante hacía él (2 Co. 2:4; Gá. 4:16, 19; [p 221] 1 Ts. 2:7–12); y enseñaba a otros a hacerlo (1 Ti. 4:11–13). En realidad, el amor (para lo cual véase 4:2) debe caracterizar a todos los aspectos de la vida. Mediante tal comportamiento impartiremos bendiciones no solamente a otros sino también a nosotros mismos, puesto que “creemos en todas las cosas en él que es la cabeza, esto es, Cristo”. Hemos de creer en mayor unión con él. La misma intimidad de la consciente unidad con Cristo está enfatizada en Ro. 6:5, donde la idea se expresa diciendo que los creyentes son “plantados juntamente” con él. Tales declaraciones no destruyen en manera alguna la infinita distinción entre Cristo y los creyentes. No indican identidad sino intimidad. La distinción entre los creyentes y su Señor se enuncia claramente aquí, puesto que a él se le llama “la cabeza” y a ellos se les designa “todo el cuerpo”. Lo que se quiere expresar al decir crecer en Cristo está interpretado por el apóstol mismo en Fil. 1:21, “Porque para mí el vivir (es) Cristo, y el morir (es) ganancia”. En otras palabras:
“Luego ni una parte del día o la noche
Sea hallada libre de consagración,
Mas mi vida entera sea en cada paso,
Con él deleitosa y firme comunión”.
(Horatius Bonar)

16. Pablo concluye esta sección diciendo, de quien todo el cuerpo, armoniosamente ajustado y unido por cada coyuntura que sustenta, conforme a la energía que corresponde a la capacidad de cada parte en particular, lleva a cabo el crecimiento del cuerpo con miras a su propia edificación en amor. Como cabeza Cristo hace que su cuerpo, la iglesia, viva y crezca (cf. Col. 2:19). El es su Cabeza Orgánica. Como cabeza ejerce también autoridad sobre la iglesia; realmente, lo hace sobre todas las cosas en favor de la iglesia (Ef. 1:20–23). El es su Cabeza Gobernante. Cuando a Cristo se le llama cabeza de la iglesia se hace difícil aceptar que alguna de estas dos ideas esté totalmente ausente, no obstante, a veces una connotación recibe mayor énfasis y en otros casos la otra, según lo indica el contexto. Y en pasaje tales como 5:23, 24, ambas ideas (crecimiento y guía) se destacan. En el pasaje presente (4:16) es evidente que el énfasis recae en la relación orgánica. Las palabras usadas muestran una marcada semejanza con las que hallamos en Col. 2:19: “… la cabeza, de la cual todo el cuerpo, sostenido y unido por coyunturas y ligamentos, crece con un crecimiento (que es) de Dios”. El hecho de que el cuerpo humano—que es la figura básica—está, en realidad, “armoniosamente ajustado y unido por cada coyuntura” es una maravilla. Es, sin embargo, sabido por todos, y la ciencia más moderna y sofisticada no lo refuta. El mensaje central de Pablo, tanto aquí en el pasaje de Efesios como en el paralelo de Colosenses es éste, que es a Cristo a quien toda la iglesia debe su crecimiento. Tal como el cuerpo humano, al hallarse debidamente sustentado y unido, experimenta un crecimiento normal, así también la iglesia, cuando cada uno de sus miembros sustenta y mantiene contacto con los demás y sobre todo con Cristo, podrá, bajo el providencial cuidado de Dios (o de Cristo, como es aquí en Efesios: “Cristo, de quien”), avanzar de gracia en gracia y de gloria en gloria (cf. 1 Co. 12). Hay, no obstante, dos importantes adiciones en el pasaje de Efesios, puntos que no se enfatizan en el pasaje paralelo de Colosenses.
1. que el cuerpo está ajustado y unido … conforme a la energía que corresponde a la capacidad de cada parte en particular. Significa que en la iglesia, también, cada miembro espiritualmente vivo hace su parte, realizando su ministerio conforme a la habilidad que le otorga Dios. Esta es una hermosa repetición del pensamiento introducido a través de todos los versículos precedentes de esta sección, especialmente los vv. 7, 12, 13.
2. abandonando la figura básica, cuando todas las “partes” individuales (miembros) cooperan, la iglesia entera crece espiritualmente con miras a su propia edificación en amor. El amor al cual se hace referencia es el mismo que se menciona en el v. 2; véase en ese versículo. Con esta maravillosa palabra Pablo pone término a esta notable sección.

4° Titulo:
Gloriosa Transformación Que Aguardan Los Redimidos. 1 De Juan 3:2-3.Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro. 
Comentario: Versic. 2. En el original griego, Juan escribe: “Amados”. Este término, que expresa una idea pasiva, podría implicar que es Dios el que nos ama: “Amados de Dios”. De ser así, Juan seguiría enfatizando la relación especial que tenemos con Dios. El Padre nos ama y, por consiguiente, somos sus hijos ahora. Ya en esta vida terrenal podemos reclamar para nosotros mismos el derecho de ser hijos de Dios y podemos lograr esta certeza.
En principio somos hijos de Dios (v. 1) que carecen de perfección a causa del pecado. Pero lo que existe ahora en principio llegará a ser una realidad plena en el futuro. Por consiguiente, Juan hace notar que: “Lo que seremos no se ha manifestado aún”. Vale decir que Dios sólo ha comenzado su obra maravillosa en nosotros, obra que a su debido tiempo él llevará a su consumación.
¿Que seremos en el futuro? Aunque la Biblia es principalmente un libro que describe la obra de la creación y de la redención, también nos da una visión del futuro. Vemos, por ejemplo, que Juan informa a sus lectores acerca de su identidad con Jesús.
“Pero sabemos que cuando él aparezca seremos como él porque le veremos como él es”. En sus epístolas Pablo revela estas mismas verdades. He aquí tres pasajes relevantes:
Y nosotros, que con rostros descubiertos reflejamos todos la gloria del Señor, vamos siendo transformados
a su semejanza con una gloria creciente. [2 Co. 3:18]
[Jesucristo] transformará nuestros humildes cuerpos de modo tal que serán como su cuerpo glorioso. [Fil. 3:21] Cuando Cristo, que es vuestra vida, aparezca, entonces vosotros también apareceréis con él en gloria. [Col. 3:4]
Las Escrituras revelan que cuando venga Cristo seremos glorificados en cuerpo y alma. “Seremos como él es”. La Biblia no dice en ninguna parte que seremos iguales a Cristo. Pero sí nos dice que seremos conformados a la semejanza del Hijo de Dios. Compartimos su inmortalidad. Sin embargo, Cristo tiene la preeminencia, porque el Hijo de Dios es “el primogénito entre muchos hermanos” (Ro. 8:29). Los creyentes rodearán el trono de Dios y del Cordero. “Verán su rostro, y su nombre estará sobre su frente” (Ap. 22:4).
Versic.3 ¿Como enfrenta el creyente el futuro? Ha recibido de Dios la promesa de una completa restauración, y vive ahora en la esperanza de que Dios cumplirá su promesa.
Juan declara un hecho: “Todo el que tiene esta esperanza … se purifica a sí mismo”. El evita expresar un deseo (“puede purificarse”), o una posibilidad (“podría purificarse”) o un mandato (“debería purificarse”). Juan formula el hecho en términos positivos. El creyente vive en la esperanza de verse transformado en semejanza a Jesucristo, y cuanto más contempla esta verdad tanto más se purifica del pecado. Busca limpiarse a sí mismo del pecado que contamina el cuerpo y el alma; se esfuerza constantemente en la santidad por reverencia a Dios (2 Co. 7:1).
 “Así como él es puro”. En los capítulos precedentes, Juan ha escrito que si tenemos comunión con Jesús, él nos limpia del pecado por medio de su sangre (1:7); y que si declaramos que tenemos comunión con él, “debemos andar como Jesús anduvo” (2:6). Por eso Juan enfatiza ahora la pureza moral que todo creyente debe demostrar por medio de una vida de santidad. Juan indica cuál ha de ser la medida: así como Cristo es puro, así se esfuerzan los creyentes por ser puros.

Amén, para la gloria de Dios.

sábado, 14 de julio de 2018

Lunes 16 De Julio De 2018 “La Necesidad De Ser Llenos Del Espíritu Santo”



Lectura Bíblica: Los Hechos Cap. 2, versículos 1 al 4. Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.

Comentario: Introducción: Aunque Hechos es un libro histórico, Lucas omite referencias a fechas exactas. Generalmente, los estudiosos están de acuerdo en que en la cronología de Hechos la fiesta de Pentecostés del año 30 d.C. fue celebrada la última semana de mayo. La palabra Pentecostés deriva de una palabra griega que significa “quincuagésimo”. Los judíos celebraban Pentecostés como la Fiesta de las Semanas el quincuagésimo día después de la Pascua (Lv. 23:15–16; Dt. 16:9–12). También se le llamaba la Fiesta de la Cosecha (Ex. 23:16). Los judíos consideraban Pentecostés el festival de la cosecha, tiempo en que presentaban los primeros frutos de la cosecha de trigo (Nm. 28:26). Después de la destrucción del templo en el año 70 d.C. cambiaron este festival para conmemorar el día cuando recibieron el Decálogo en el Monte Sinaí. Se basaban para ello en la referencia cronológica de Éxodo 19:1. Presumiblemente los judíos actuaron en reacción a la observancia cristiana de Pentecostés.
Versic 1. Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en un lugar.
En respuesta a la orden de Jesús (1:4), los apóstoles esperan el don del Espíritu Santo pacientemente y en
oración en Jerusalén. El texto griego comienza con la palabra y; esto indica que el acontecimiento de Pentecostés está estrechamente ligado con la ascensión de Jesús. Una traducción literal del texto griego dice: “Cuando el día de Pentecostés se hubo cumplido”. Es decir, cuando se llegó al día número cincuenta, el período de espera se completó. Para los apóstoles, una nueva era comenzaba.
¿Cuántas personas estaban reunidas el día de Pentecostés? Nosotros suponemos que en los 120 estaban incluidos todos los creyentes (1:15). Sin embargo, hay algunas objeciones a esta interpretación. El último versículo del capítulo anterior (1:26) menciona a los apóstoles; en el capítulo dos, no son los 120 sino que el centro de la atención está ocupado por Pedro y los Once (v. 14); y en la conclusión del sermón de Pedro la multitud se dirige a los apóstoles y no a los 120 (v. 37). Por el otro lado, no podemos limitar el adjetivo todos a los doce apóstoles cuando el contexto del capítulo precedente enfatiza la armonía cristiana como un elemento básico. Por lo tanto, interpretamos el adjetivo de tal modo de incluir a todos los creyentes mencionados en el capítulo anterior.
¿Dónde estaban los creyentes? Lucas es bastante parco al decir que estaban “en un lugar”. Si suponemos que ese lugar era el aposento alto (1:13), tendríamos que preguntarnos si aquel cuarto podría acomodar a 120 personas. Pero Lucas dice que ellos estaban sentados en una casa (v. 2) y no en las cercanías del templo. Tenemos que admitir que es difícil lograr certeza al respecto, pero nos inclinamos a pensar que el lugar de reunión estaba cerca del templo, donde los apóstoles regularmente adoraban a Dios (c.f. Lc. 24:53).
Versic. 2. Y de repente vino del cielo un ruido como de un viento fuerte que soplaba y llenó toda la casa donde estaban sentados. 3. Y se les aparecieron lenguas como de fuego que se dividieron y reposaron sobre cada uno de ellos. 4. Fueron todos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas según el Espíritu les daba capacidad.
Nótese los siguientes tres puntos:
a. El viento. En horas de la mañana del día de Pentecostés, de pronto la gente escucha el sonido de un fuerte
viento que soplaba desde los cielos. Un aspecto importante en la venida del Espíritu Santo es lo repentino de su
aparición. Aunque, tal como fueron instruidos, los discípulos se quedan en Jerusalén precisamente esperando el
derramamiento del Espíritu, su repentina manifestación sorprende a todos. Los creyentes en Cristo experimentarán idéntica situación cuando de pronto Jesús regrese. No obstante las señales de los tiempos, Jesús
dijo a los suyos que su regreso será sorprendente e inesperado.
Lucas dice que hay sonido como de un viento fuerte al soplar. El no dice que el viento mismo haya estado
produciendo los efectos por todos conocidos. Leyendo otra parte de las Escrituras sabemos que tanto en el hebreo como en el griego es una y la misma palabra la que representa el doble significado de viento y espíritu (Ez. 37:9, 14; Jn. 3:8). Nosotros oímos y sentimos el efecto del viento pero no podemos verlo. Así es con el Espíritu. El Espíritu Santo viene del cielo de Dios, no del cielo atmosférico, con el sonido de un fuerte viento. Y llena la casa donde los creyentes están sentados y clamando por su venida (c.f. 4:31).
Vemos el significado del viento en el relato de Lucas. El viento simboliza al Espíritu Santo, quien llena la
casa donde están sentados los creyentes. El sonido del viento señala poder celestial, y su repentina aparición nos habla del comienzo de un acontecimiento sobrenatural.
b. El fuego. “Y se les aparecieron lenguas como de fuego que se dividieron y reposaron sobre cada uno de
ellos”. Este es el cumplimiento de la descripción que Juan el Bautista hace del poder de Jesús: “El os bautizará
en el Espíritu Santo y fuego” (Mt. 3:11; Lc. 3:16). A menudo en el Antiguo Testamento el fuego es simbólico de la presencia de Dios, especialmente en relación con la santidad, el juicio y la gracia. Por ejemplo, Moisés oyó la voz de Dios en la zarza ardiendo diciéndole que se quitara sus sandalias (Ex. 3:2–5); el fuego consumió el sacrificio de Elías en el Monte Carmelo (1 R. 18:38); y un carro de fuego llevó a Elías al cielo (2 R. 2:11).
Los creyentes reunidos en Jerusalén no sólo oyen la venida del Espíritu Santo sino que también lo ven tomar forma de lo que pareciera ser lenguas de fuego. El fuego, símbolo de la divina presencia, toma la forma de lenguas que no salen de la boca de los creyentes, sino que reposan sobre sus cabezas. Por lo tanto, no debemos confundir estas lenguas con las “otras lenguas” mencionadas en el versículo siguiente (v. 4), donde Lucas introduce el milagro de hablar en lenguas.
El Espíritu Santo se hace visible con esta manifestación externa y reposa sobre cada uno de los creyentes. No se trata de una ilusión óptica, porque Lucas claramente señala que vieron lenguas de fuego. La venida del
Espíritu da cumplimiento a la profecía de Juan el Bautista de que los discípulos serían bautizados con el Espíritu Santo y con fuego. Así, la venida del Espíritu Santo anuncia una nueva era, porque viene a habitar con los hombres no temporalmente sino para siempre.
c. Las lenguas. “Fueron todos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas según el
Espíritu les daba capacidad”. El texto griego indica que la llenura con el Espíritu ocurrió de una vez por todas; es decir, el Espíritu no vino y se fue, sino que permaneció, como es evidente en el relato de Lucas. Cuando Pedro se dirige al Sanedrín, él está lleno del Espíritu (4:8; y véase también 4:31). Después de su conversión, Saulo recibe el Espíritu Santo (9:17; c.f. 13:9, 52). El derramamiento del Espíritu no es repetitivo porque el Espíritu Santo permanece con la persona que ha sido llenada. Además, va alcanzando en círculos concéntricos a los samaritanos (8:17), a los gentiles (10:44–46), y a los discípulos de Juan el Bautista (19:1–6). Esto ocurre en perfecta armonía con y en cumplimiento del mandamiento de Jesús dado a los apóstoles de ser testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra (1:8).
¿Qué efecto produce el Espíritu Santo en todos los creyentes? Lucas dice que “fueron todos llenos”. No debemos limitar el adjetivo todos a los apóstoles, porque Pedro en su sermón habla del cumplimiento de la profecía de Joel y dice que: “Tus hijos e hijas profetizarán” (v. 17; Jl. 2:28). Y cuando más tarde Pedro y Juan hicieron notar a los creyentes lo que los sumos sacerdotes dijeron, todos fueron llenos del Espíritu Santo (4:31). El efecto del hecho de que el Espíritu Santo mora en la persona es que el Espíritu toma plena posesión del
creyente individualmente.
El cristiano que es lleno con el Espíritu llega a ser el portavoz del Espíritu. En el caso de los creyentes en Jerusalén, hablaron en otras lenguas probando así que el Espíritu Santo los controla y los capacita. La palabra lengua es equivalente al concepto lenguaje hablado. Esto se hace evidente en el comentario de Lucas que “cada uno les oía hablar en su propia lengua” (v. 6); las multitudes preguntan, “¿Cómo entonces les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?” (v. 8); y dicen: “Les oímos hablar en nuestras propias lenguas las maravillas de Dios” (v. 11). Las lenguas que los creyentes hablan son idiomas hablados en regiones desde Persia en el este hasta Roma en el oeste. No podemos tomar por iguales lo que ocurrió en Pentecostés y las lenguas habladas en la iglesia de Corinto. Los que hablan en otras lenguas en Pentecostés no hablan para la edificación de la iglesia (a diferencia del hablar en éxtasis [1 Co. 14]). Mientras que en la iglesia de Corinto el hablar en éxtasis tiene que ser interpretado, en Pentecostés los oyentes no necesitan tener intérpretes porque ellos oyen y pueden entender sus propios idiomas. La habilidad de hablar en lenguas viene de adentro de la persona y es una manifestación interna del Espíritu Santo; el viento y el fuego son manifestaciones externas.

Consideraciones doctrinales en 2:2 y 4
Versículo 2
Aquí encontramos el pleno cumplimiento de la promesa que Jesús hizo a los apóstoles: “Ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo dentro de pocos días” (1:5). El día de Pentecostés, el Espíritu llenó a cada uno de los que estaban en la casa sentados, de manera que 120 fueron bautizados espiritualmente (vv. 2, 4). Es muy interesante un estudio del bautismo del Espíritu en Hechos. “Dondequiera se menciona el bautismo en el Espíritu después de Pentecostés, nunca es una experiencia de creyentes que han sido bautizados antes en el Espíritu, sino que se trata de nuevos creyentes que han sido traídos a la fe de Cristo”.
Después del derramamiento del Espíritu Santo sobre los judíos en Jerusalén, Jesús extendió su iglesia agregando a los samaritanos, quienes recibieron el Espíritu (8:16–17). Luego invitó a los gentiles a incorporarse en ella. Esto ocurrió cuando Pedro predicó el evangelio en la casa de Cornelio y el Espíritu Santo se derramó sobre ellos (10:44–45). Finalmente, fueron agregados a la iglesia los discípulos de Juan el Bautista, quienes no habían oído el evangelio y no sabían nada acerca del Espíritu Santo. Pablo los bautizó en el nombre de Jesús y el Espíritu Santo vino también sobre ellos (19:6).
Pedro dijo a la multitud en Jerusalén: “Arrepiéntanse, y bautícese cada uno en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibirán el don del Espíritu Santo” (2:38). El estudio de Hechos nos permite llegar a la conclusión de que el bautismo en agua y el bautismo en el Espíritu ocurren normalmente en forma simultánea.
Versículo 4
Aunque algunos estudiosos afirman que el milagro de hablar en lenguas tiene que ver más con los que escuchan que con los que hablan, esta opinión falla en hacer justicia a quienes, llenos del Espíritu Santo, hablaron en lenguas. El contexto del acontecimiento de Pentecostés destaca los comentarios de aquellos que escucharon a los apóstoles hablar en sus idiomas nativos, pero debemos atender a un par de preguntas. Por ejemplo, si decimos que los creyentes, por el poder del Espíritu, hablaron a las gentes en sus propios idiomas, ¿por qué Pedro les habló en un solo idioma (v. 14)? Luego, si la multitud entendió el idioma de Pedro, tendríamos que suponer que estaban también capacitados para conversar en griego, en arameo, o en ambos idiomas. Además, la expresión otras lenguas no se aplica a Judea (v. 9), porque allí se hablaba arameo y griego. Por último, si cada uno de los presentes pudo oír acerca de “las maravillas de Dios” en su propia lengua nativa, ¿por qué algunos se mofaron de los apóstoles diciendo que estaban borrachos? (v. 13) Debido a lo sintético del relato de Pentecostés, quedan algunas preguntas específicas sin contestar. De lo que se nos dice, sólo podemos sacar algunas conclusiones generales.
El Espíritu Santo unifica a los creyentes de diferentes regiones del mundo a través del milagro de hablar a las gentes en el idioma de la fe. Permite que los oyentes superen la confusión de lenguas de Babel (Gn. 11:1–9) al llamarlos a responder al evangelio con arrepentimiento y fe. En medio de una multitud de incrédulos que se mofan del milagro de Pentecostés, tres mil personas se arrepienten, son bautizados y se unen a la iglesia (v. 41).
   Nota: Entre los judíos que vivían en la dispersión, muchos decidieron trasladar su residencia a Jerusalén por propósitos religiosos o educacionales. Así, de numerosos países llegaron para residir allí temporal o permanentemente. Además, un buen número de peregrinos había venido para celebrar la fiesta judía de las cosechas llamada Pentecostés (compare 20:16; 1 Co. 16:8).


1er Titulo:
El Espíritu Santo Nos Hace Semejantes a Cristo. San Mateo 11:29: Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.

Comentario: La promesa es: y yo os daré descanso. Tal descanso no es sólo negativo, ausencia de incertidumbre, temor, ansiedad y desesperación; positivamente es paz en la mente y en el corazón (Sal. 125:1; Is. 26:3; 43:2; Jn. 14:27; 16:33; Ro. 5:1); seguridad de salvación (2 Co. 5:1; 2 Ti. 1:12; 4:7, 8; 2 P. 1:10, 11). Continúa: Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí… En la literatura judía un “yugo” representa la suma total de las obligaciones que en conformidad con la enseñanza de los rabinos, una persona debe asumir. Esta definición explica expresiones como “yugo de la tora”, “yugo de los mandamientos”, “yugo del reino de los cielos”, etc. Ya ha sido demostrado que debido a la mala interpretación, la alteración y los añadidos a la Ley de Dios, el yugo que los maestros de Israel ponían sobre los hombros del pueblo era el de un legalismo totalmente falto de fundamento. Era el sistema de enseñanza que enfatizaba la salvación por medio de la estricta obediencia a una multitud de reglas y ordenanzas. Ahora aquí, en 11:29, Jesús pone su propia enseñanza en contraste con lo que la gente se había acostumbrado a recibir. Cuando dice: “Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí” o “y llegad a ser mis discípulos”, quiere decir: “Aceptad mis enseñanzas, a saber, que una persona se salva por medio de su sencilla confianza en mí”. Continúa: porque soy manso y humilde de corazón… Al explicar la palabra “manso” según aparece en 5:5 se señaló que la persona mansa es quien “encuentra refugio en el Señor, entrega su camino enteramente a él, dejándolo todo en manos de aquel que ama y cuida”. Véase también sobre 12:19, 20. Es claro que la persona mansa es pacífica y pacificadora. Por lo tanto, no es extraño que el Nuevo Testamento siriaco (Peshitta) diga: “Venid a mí … y os haré descansar … porque estoy lleno de descanso… y hallaréis descanso para vosotros”. Esto, o algo muy similar a esto podría bien haber sido lo que Jesús, hablando arameo, muy parecido al siriaco, dijo ese día a la multitud remordida por la conciencia. El sinónimo de “manso” es “humilde”, en oposición a “soberbio” (cf. 1 P. 5:5).
El resultado de tomar el yugo de Cristo y ser su discípulo es: y hallaréis descanso para vuestras almas (o “para vosotros mismos”). El “hallar” es obtener. Nótese el paralelo: “Yo os daré descanso” (v. 28) y “hallaréis descanso” (v. 29). Los hombres no pueden obtener a menos que Cristo lo dé. Jamás pueden descubrir lo que él no ha dado a conocer. Concluye: Porque mi yugo es benigno, y mi carga es ligera. No hay que olvidar que un yugo, literalmente un marco de madera, era puesto sobre los hombros de una persona con el objeto de hacer más ligera de llevar una carga al distribuir en igual proporción el peso a ambos lados del cuerpo. Sin embargo, esto no excluía enteramente la posibilidad de que si la carga era demasiado pesada el yugo no fuera de suficiente ayuda para el portador. En consecuencia, aun un yugo podía ser llamado pesado (Hch. 15:10). Así que, para hacer placentera la tarea de cargar, el yugo no solamente debía quedar bien ajustado en los hombros, que no provoque irritación, sino también la carga no debía ser demasiado pesada. Simbólicamente hablando, Jesús aquí asegura a las personas oprimidas a las que está hablando, tanto entonces como ahora, que su yugo, esto es el que él exhorta a que usen, es benigno, y su carga, esto es, lo que él requiere de nosotros, es ligera. Por lo tanto, lo que está diciendo en realidad es que la sencilla confianza en él y la obediencia a sus mandamientos nacida de nuestra gratitud por la salvación ya impartida por él, es placentera. Trae paz y gozo. La persona que vive este tipo de vida ya no es esclavo. Ha llegado a ser libre. Sirve al Señor espontánea, ansiosa y entusiastamente. Hace lo que él (el “nuevo hombre” en él) quiere hacer. Cf. Ro. 7:22. Por el contrario, el esfuerzo de querer salvarse por sí mismo por medio de la escrupulosa adhesión a todas las reglas y ordenanzas artificiales y arbitrarias sobre-impuestas a la ley por los escribas y fariseos (24:3) significa la esclavitud. Produce miseria y desesperación. Por lo tanto, dice el Señor, “Venid a mí”.
En el estudio de este maravilloso pasaje (vv. 28–30) hay un hecho que generalmente se pasa por alto en silencio. Es este: El consejo autorizado que Jesús da no es solamente bueno para el alma; cuando se le hace caso también beneficia enormemente al cuerpo. El descanso—paz del corazón y de la mente—que Jesús aquí provee es lo opuesto a la gravísima tensión mental que envía a tanta gente a los doctores, a los hospitales y a la
muerte. La ausencia de paz, sea en la forma de ansiedad o de rencor y ánimo de venganza (el deseo ardiente de “arreglar cuentas”), puede producir úlceras, colitis, hipertensión, ataques al corazón, etc. Las enseñanzas de Cristo, si se toman de todo corazón, tienen un efecto curativo en toda la persona, alma y cuerpo. El es un Salvador completo.

2° Titulo:
Solo El Cristiano Movido Por El Espíritu Santo Es Sumiso. 1 Pedro 5:5. Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes.

Comentario: Observemos estos puntos:
a. Someter. Pedro se vuelve a los jóvenes y usa la expresión asimismo. En la epístola de Pedro esta frase puede no significar más que el escritor está haciendo una transición en su consideración (véase 3:1 con su explicación). La frase, pues, es más o menos el equivalente del adverbio conectivo también.
Por consiguiente, Pedro primero instruye a los ancianos a demostrar su disposición a servir y a ser modelos para los creyentes. Luego, les dice a los jóvenes que se sometan a los que son mayores que ellos. ¿Está Pedro considerando aquí primeramente el oficio de anciano y luego un oficio ocupado específicamente por jóvenes? Si bien la Escritura introduce el oficio de anciano (1 Ti. 3:1–7; Tit. 1:5–9), no menciona ningún oficio específico para los jóvenes. Es cierto que en la iglesia antigua los jóvenes cumplían ciertas tareas en los oficios de sepelio (Hch. 5:6, 10); y que Pablo instruye a Timoteo para que“trate a los jóvenes como hermanos” (1 Ti. 5:1), y a Tito para que los anime a ser sobrios (Tit. 2:6). Pero el Nuevo Testamento no aporta ninguna evidencia de que estos jóvenes sirviesen en algún cargo oficial. Por consiguiente, si tenemos en cuenta esta falta de evidencia, no podemos comprobar que Pedro esté pensando en estos jóvenes como diáconos.
Cuando consideramos este versículo vemos claras líneas de subordinación. El trasfondo cultural es evidente. El escritor judío del primer siglo, Filón, observa que la secta denominada Esenios separaba a los hombres mayores de los jóvenes. El sábado, en sus sinagogas, “distribuidos en filas según sus edades, los jóvenes estaban por debajo de los mayores, y se sentaban decorosamente como cuadraba con la ocasión…
¿Se refiere el vocablo griego que traducimos “ancianos” (“mayores de edad” v. 5) a la función (véase v. 1) o a la edad? Dado que Pedro no menciona ningún oficio específico para los jóvenes en el versículo 5, colegimos que está pensando en edad y función. Una interpretación no elimina la otra. Una palabra puede tener dos significados cuando un escritor da indicaciones a tal efecto. Por ejemplo, Pablo confirma un cambio como este en el significado para la palabra presbyteros en 1 Timoteo 5:1 (“hombre mayor”) y en 1 Timoteo 5:17 (“anciano”).
Pedro enseña que en la iglesia los ancianos están llamados a ocupar posiciones de liderazgo; exhorta luego a los hombres más jóvenes a someterse a ellos. Insta también a estos jóvenes a mostrar respeto y deferencia por los que son de edad más avanzada. La implicación es que ellos aprenden así obediencia y humildad de sus mayores, y que al mismo tiempo se capacitan para tomar posiciones de liderazgo en la iglesia y en la comunidad.
b. Humildad. Tanto para la generación mayor como para la más joven, la humildad debe ser el sello de la vida cristiana. Pedro escribe: “Revistanse todos de humildad en su trato mutuo”. ¿Es la palabra todos  restrictiva o inclusiva? En el sentido restrictivo se aplica a los jóvenes, de modo que los versículos 5a y 5b conforman una unidad. Pero esta combinación deja el resto de la oración gramáticamente desconectada de la que la precede. La mayoría de los traductores, por consiguiente, han optado por el significado inclusivo de todos. Han combinado el versículo 5b y el 5c, de modo tal que 5a forma una oración separada.
“Revístanse todos de humildad en su trato mutuo”. El griego da una descripción interesante de esta acción de revestirse de humildad. La palabra vestir o revestir significa atarse una prenda de ropa. Por ejemplo, los esclavos acostumbraban a anudar un pañuelo o un delantal blanco sobre su ropa para distinguirse de los hombres libres. La sugerencia es que los cristianos deben atar a su conducta la humildad de modo que se los pueda reconocer. Pedro exhorta a los lectores a atar la humildad a sus personas una vez y para siempre. En otras palabras, permanece con ellos por el resto de sus vidas.
¿Qué es la humildad? Jesús invita a sus seguidores a aprender de él la humildad. Invita a todos los que están cansados y cargados a venir a él y a aprender. Porque, dice él, “soy manso y humilde de corazón” (Mt. 11:29). La humildad se manifiesta cuando consideramos a otros mejores que nosotros mismos (Fil. 2:3). La humildad es una de las virtudes cristianas, junto con la compasión, la amabilidad, la bondad y la paciencia (Col. 3:12). La Escritura también advierte en contra de la falsa humildad, que tiene apariencia de sabiduría y que demuestra su inutilidad en un despliegue de “adoración autoimpuesta” (Col. 2:18, 23). Finalmente, Pedro enseña a sus lectores cómo deben vivir como cristianos al decirles, entre otras cosas, que deben ser “compasivos y humildes” (3:8).
c. Autoridad. “Dios se opone a los orgullosos pero da gracia a los humildes”. Pedro sustenta su exhortación con una apelación a la Escritura. El cita Proverbios 3:34, que en Hebreos difiere ligeramente de la redacción griega, pero no en su significado: “[Dios] escarnecerá de los escarnecedores y a los humildes da gracia”. Es posible que este pasaje circulara en sinagoga y en la iglesia como dicho proverbial, ya que Santiago también cita este versículo (4:6).   
El creyente debe saber que Dios ha provisto para él todo lo que necesita. “El creyente nada posee que no haya recibido, nada es a no ser por la gracia de Dios, y aparte de Cristo nada puede hacer”. De atribuirse algo a sí mismo, no sólo estaría robando a Dios sino que también se encontraría con él como su adversario. Por consiguiente, el cristiano vive humildemente con su Dios (Mi. 6:8).

3er Titulo:
La Adoración y La Alabanza Es La Manifestación Gloriosa En El Espíritu. Efesios 5:18-20. No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Comentario: Una de las más notables manifestaciones de “falta de sensatez” es la borrachera. Su antídoto, “ser llenos del Espíritu” indica una avenida mucho mejor de verdadero entendimiento. De ahí que existe una doble relación entre los vv 17 y 18. Pablo escribe: 18. Y no os embriaguéis con vino, lo cual está asociado con la vida disoluta, sino sed llenos del Espíritu. Hay tiempos cuando el alborozo del corazón y mente está enteramente dentro de su lugar. Las Escrituras mencionan gritos de gozo (Sal. 5:11; 32:11; 35:27; etc.), plenitud de gozo (Sal. 16:11), nuevas de gran gozo (Lc. 2:10), gozo indecible y lleno de gloria (1 P. 1:8). No obstante, el alborozo impropio cuando la forma de producirlo es también incorrecta. Así que es impropio buscar excitación por medio del excesivo uso del vino. Lo que se prohibe es el abuso del vino, no su uso (1 Ti. 5:23). Tal abuso era un peligro real en la iglesia primitiva, como ciertamente lo es hoy día, y esto queda demostrado por restricciones como las que siguen: “El obispo debe ser irreprensible … no dado al vino (uno que se detenga junto a su vino)” (1Ti. 3:3; cf. Tit. 1:7); “Los diáconos asimismo (deben ser) dignos, no… adictos a mucho vino” (1 Ti. 3:8); y “Exigid a las ancianas igualmente (que sean) reverentes en su porte… no esclavas de mucho vino” (Tit. 2:3).
La intoxicación no es el remedio efectivo para los afanes y preocupaciones de esta vida. La pretendida ayuda que provee no es real. Es el pobre substituto del diablo por el “gozo indecible y lleno de gloria” que Dios provee. Satanás está siempre substituyendo lo malo por lo bueno. ¿No se le ha llamado acaso “el imitador de Dios”? El emborracharse con vino está “asociado con la vida licenciosa” o “conducta disoluta”, “temeridad” (Tit. 1:6; 1 P. 4:4). Caracteriza a la persona que, al continuar así, no puede ser salva.143 Pero no necesita continuar así. El hijo pródigo de la inolvidable parábola vivió disolutamente (adverbio análogo del nombre disolución o vida disoluta que ocurre aquí en Ef. 5:18). La extravagancia y la falta de sobriedad se hallaban combinadas en su conducta, tal como con toda probabilidad se hallan combinadas en el significado de la palabra “vida disoluta” usada en este pasaje de la carta de Pablo a los efesios. Sin embargo, hubo salvación para él al arrepentirse. Ojalá que todo el que lea esto se sienta alentado (Is. 1:18; Ez. 33:11; 1 Jn. 1:9).
El remedio real para combatir la pecaminosa embriaguez es el que señala Pablo. A los efesios se les insta buscar una más alta, mucho mejor fuente de regocijo. En vez de emborracharse deben llenarse. En lugar de emborracharse con vino deben ser llenos del Espíritu. Obsérvese el doble contraste. Aunque es verdad que el apóstol hace uso de una palabra, a saber, pneúma, la cual al traducirse puede a veces ser escrita con y otras veces sin mayúscula inicial (es decir, “Espíritu” o “espíritu”), en el caso presente debe escribirse con mayúscula, como lo es muy a menudo. Sin duda alguna Pablo estaba pensando en la tercera persona de la Trinidad, el Espíritu Santo. Como evidencias en apoyo de este punto de vista tenemos: a. la expresión “lleno con” o “lleno de” el pneúma, siendo la referencia al Espíritu Santo, es muy común en las Escrituras (Lc. 1:15, 41, 67; 4:1; Hch. 2:4; 4:8, 31; 6:3; 7:55; 9:17; 13:9);144 y b. el contraste mismo aquí en 5:18 entre emborracharse con vino y ser lleno del pneúma ocurre también, aunque en forma levemente diferente, en Hch. 2:4, 13, donde la referencia solamente puede ser al Espíritu Santo.
Además, los antiguos usaban dosis abundantes de vino no sólo para olvidar las preocupaciones y adquirir jovialidad sino también para entrar en comunión con los dioses, y mediante esta comunión recibir conocimiento estático imposible de recibir de otro modo. Tal necedad, que a menudo estaba relacionada con las orgías dionisíacas, es contrastada por el apóstol con el éxtasis sereno y la dulce comunión con Cristo que él mismo estaba experimentando en el Espíritu al escribir esta epístola a los efesios (véase sobre 1:3; 3:20). Lo que entonces dice es lo siguiente: La borrachera no conduce a nada bueno, sino al vicio, ella no os brindará placer
legítimo, ni conocimiento útil, ni tranquilidad perfecta. No os ayudará sino que os perjudicará. Deja un amargo sabor y provoca interminables calamidades (cf. Pr. 23:29–32). Pero a la inversa, el ser llenos con el Espíritu os enriquecerá con los preciados tesoros de gozo permanente, profundo entendimiento, satisfacción interna. Aguzará vuestras facultades para recibir la divina voluntad. Obsérvese el contexto inmediato, v. 17 “Por tanto, no seáis insensatos sino entended cual (es) la voluntad del Señor”. Por tanto, “no os embriaguéis con vino,
sino sed llenos del Espíritu”.
Siendo así llenos con el Espíritu los creyentes no sólo gozarán de esclarecimiento y regocijo sino que además expresarán jubilosamente su vivificante conocimiento de la voluntad de Dios. Revelarán sus descubrimientos y sentimientos de gratitud. De ahí que Pablo prosigue:
Versic.19. hablándoos unos a otros en salmos e himnos y cantos espirituales. El término salmos tiene con toda probabilidad referencia, al menos principalmente, al Salterio del Antiguo Testamento; himnos, principalmente a las alabanzas dadas a Dios y a Cristo en el Nuevo Testamento (v. 14 más arriba, donde Cristo es alabado como la fuente de luz, conteniendo tal vez líneas de uno de estos himnos); y finalmente, cantos espirituales, principalmente a la lírica sagrada tratando temas no directamente relacionados con la alabanza a Dios o a Cristo. Puede existir, sin embargo, cierta superposición en el significado de estos tres términos según el uso que Pablo hace de ellos aquí.
El punto a recalcar es que los creyentes deben hablarse unos a1 otros por medio de estos salmos e himnos y cantos espirituales. No se trata de una mera recitación de lo que hayan aprendido de memoria. “Hija, sabes tú que tu Redentor vive?” dice el director a la solista. Luego de una respuesta afirmativa él prosiguió, “Entonces cántalo otra vez, pero esta vez haz que lo sintamos”. Así lo hizo ella, y hubieron lágrimas de gozo y acción de gracias en todos los ojos. Continúa: cantando y haciendo melodía de vuestro corazón al Señor. La idea de algunos que en las dos partes de este versículo el apóstol hace referencia a dos clases de canto: a. audible (“hablando”) y b. inaudible (“en la quietud del corazón”), debe ser descartada. Si tal hubiese sido su intención, habría insertado la conjunción y o y también entre las dos partes. Las dos son evidentemente paralelas. La segunda explica y completa la primera: Al reunirse los creyentes, no deben dedicarse a fiestas desordenadas sino a edificarse mutuamente, hablándose el uno al otro en un cantar cristiano, haciéndolo de corazón, a la gloria y honor de su bendito Señor. Deben hacer música con la voz (“cantando”) o en cualquiera forma correcta, sea por medio de voz o instrumento musical (“haciendo melodía”). Cf. Ro.15:9; 1 Co. 14:15; Stg. 5:13.
Por medio de salmos, himnos, y canciones espirituales los creyentes manifiestan su gratitud hacia Dios. En este tema Pablo se extiende ahora como sigue: 20. dando gracias siempre por todas las cosas en el nombre de nuestro Señor Jesucristo a (nuestro) Dios y Padre.
Además, se añade lo siguiente: Acción de gracias correcta
1. ¿Qué es? 
Acción de gracias es el reconocimiento agradecido de los beneficios recibidos. Presupone que la persona ocupada en esta actividad reconoce tres cosas: a. que las bendiciones que disfruta le fueron otorgadas, de modo que honradamente no puede atribuirse crédito por ellas; b. que es totalmente indigno de ellas; y c. que son grandes y muchas.
Pablo ya ha mencionado el dar gracias en este capítulo (5:4). Se refiere a esto vez tras vez en sus epístolas. Lo considera tan importante que desea que los creyentes “sobreabunden en acción de gracias” (Col. 2:7). La gratitud es lo que completa el ciclo por medio del cual las bendiciones derramadas en los corazones y vidas de los creyentes vuelven al Dador en forma de adoración continua, amorosa y espontánea. Seguida correctamente, tal acción de dar gracias es una actitud y acción que el creyente mismo perpetúa, puesto que implica un recuerdo y recuento de bendiciones recibidas. Naturalmente, tal recuento o concentración de la atención sobre las bendiciones hace que éstas resalten más claramente, dando como resultado nuevas acciones de gracias. La expresión de gratitud es por tanto la más feliz respuesta a los favores inmerecidos. Mientras dura, los afanes tienden a desaparecer, las quejas se desvanecen, aumenta el valor para afrontar el futuro, se forman resoluciones virtuosas, se experimenta la paz, y Dios es glorificado.
2. ¿Cuándo debe tener lugar?
El apóstol dice, “siempre”. Es propio dar gracias después que la bendición se ha recibido, esto es, cuando la situación que produjo la alarma ha pasado y se ha restaurado la calma, así como los israelitas lo hicieron después de haber cruzado el mar Rojo (Ex. 15); y como el escritor del Salmo 116 lo hizo después que el Señor hubo escuchado su oración; y como lo hará un día la gloriosa multitud en las riberas del mar de cristal (Ap. 15). Es propio también dar gracias en medio de la angustia, como lo hizo Jonás cuando estuvo “en el vientre del pez” (Jon. 2:1, 9). Es aun propio cantar canciones de alabanza y acción de gracias antes que la batalla haya comenzado, como lo ordenó Josafat (2 Cr. 20:21). Los creyentes pueden y debe dar gracias siempre porque no existe ni un solo momento en que no se hallen bajo el ojo atento de Jehová cuyo nombre mismo indica que sus misericordias son inmutables y que jamás fallarán.
3. ¿Por qué cosas se han de dar gracias?
Pablo responde, “por todas las cosas”. De ahí que la gratitud debe ser sentida y expresada por bendiciones físicas y espirituales; “ordinarias” y extraordinarias; pasadas, presentes y futuras (las últimas, porque están incluidas en una promesa infalible); por las cosas recibidas y aun por las no recibidas. Debe tenerse constantemente presente que el que, bajo la dirección del Espíritu Santo dio esta exhortación, se hallaba en prisión al escribir este mandamiento. No obstante, a pesar de sus cadenas, mejor dicho a causa de sus cadenas, dio gracias a Dios (Fil. 1:12–14). Podía gozarse en debilidades, injurias, privaciones, y frustraciones (2 Co. 12:10). Vez tras vez, estando en prisión, Pablo da gracias a Dios y exhorta a sus lectores a ser agradecidos [p 265] también (Ef. 1:16; 5:4, 20; Fil. 1:3, 12–21; Col. 1:3, 12; 2:4; 3:17; 4:2; Flm. 4). Esto puede parecer muy extraño. Es, sin embargo, enteramente consistente con el resto de las enseñanzas de Pablo, puesto que armoniza maravillosamente con la seguridad que “a los que aman a Dios todas las cosas cooperan a bien” y que “en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” con un amor del cual jamás seremos separados (Ro. 8:28–39).
4. ¿Cómo se ha de dar gracias?
La respuesta es “en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”, puesto que fue él quien ganó todas estas bendiciones para nosotros, de modo que las recibimos “junto con él” (Ro. 8:32). Es también él quien purificará nuestras peticiones y acciones de gracias y, así purificadas, las presentará, junto con su propia intercesión, ante la presencia del Padre.
5. ¿A quién debe ser ofrecida?
Se responde: “a (nuestro) Dios y Padre”. Hay quienes jamás dan gracias. Así como el rico insensato de la parábola narrada en Lc. 12:16–21 ellos parecen atribuirse el crédito por todo lo que poseen o han realizado. Hay otros que se sienten obligados al prójimo. Reconocen causas secundarias, pero nunca la Primera Causa (Ro. 1:21). Pero, siendo que los efesios sabían que todas sus bendiciones emanaban constantemente de Dios, el Dios que en Cristo Jesús era su Padre, y dado que también se hallaban conscientes del hecho de que ellos constituían
parte de “la familia del Padre” (véase sobre 3:14, 15), de modo que los beneficios que habían recibido, que estaban recibiendo, y que todavía habrían de recibir, procedían de su amor, debían ser capaces de entender lo razonable de la exhortación de que a este Dios y Padre suyo debían atribuir acción de gracias y alabanza constante.

4° Titulo:
El Espíritu Santo Reviste De Humildad y Nos Hace Servidores. San Juan 13:13-15. Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.

Comentario: Habiendo sido satisfecha la objeción de Pedro, Jesús termina de lavar sus pies, y también los pies de los otros hasta que se concluye la labor. Entonces el Señor volvió a vestirse y a sentarse en el lugar que tenía en la mesa.
A fin de entender lo que sigue, debe tenerse presente que el lavamiento de los pies era a. un elemento especial en la humillación de Cristo; b. un símbolo de esa humillación (el agua que quitaba la suciedad física era verdadero símbolo del sufrimiento de Cristo durante toda su vida en la tierra y especialmente en la cruz, con el cual no sólo expía la culpa de su pueblo sino también obtiene para el mismo la acción santificadora del Espíritu Santo) y c. una lección en humildad; en otras palabras, un ejemplo.
Las ideas a. y b. están íntimamente relacionadas. Respecto a ellas Jesús ya le ha dicho a Pedro que entendería después, no ahora. Sin embargo, Jesús había preparado su mente y la mente de los demás  diciéndole, “si no te lavo, no tienes parte conmigo”. Pero si bien los discípulos podían, en este momento captar sólo un vislumbre del profundo significado de lo que estaba implicado en el lavamiento de los pies, la moraleja tiene significado inmediato para ellos. ¡Cómo necesitaban la lección (c. arriba) que Jesús les quiso enseñar por medio de esta acción! ¡Téngase presente Lc. 22:24!
Así, pues, Jesús dijo a sus discípulos: “¿Sabéis lo que os he hecho?” ¿Captáis la enseñanza positiva y práctica que os acabo de impartir? Adviértase que el Señor no reprende a estos hombres. No les dice: “¡Avergonzaos! Os debíais haber lavado los pies unos a otros en lugar de esperar a que yo lo hiciera”. Este reproche va ciertamente implícito en la exhortación, pero las palabras de Jesús van mucho más allá. Nunca queda satisfecho con ser solamente negativo. Es como si dijera, “El pasado fue suficientemente malo; ya no vamos a hablar más de él; en cuanto al futuro, sigan mi ejemplo”. El reproche implícito, oculto en palabras de exhortación amorosa y positiva, a menudo produce mejores resultados que el reproche explícito. En esta atmósfera positiva Jesús prosigue:
“Vosotros me llamáis Maestro y Señor; y decís bien, porque lo soy”.
En realidad los discípulos tenían razón en dirigirse a Jesús como Maestro ( διδάσκαλος, probablemente debe considerarse como traducción del arameo Rabí; como 1:38 parece indicar), porque su enseñanza “con autoridad y no como los escribas” era la más grande que se hubiera oído en la tierra. También tenían razón en dirigirse a él como Señor ( κύριος); y cuanto más profundo fuera el significado que le dieran a este concepto, tanta mayor razón tenían. Era, realmente, el Señor de todas las cosas (véase sobre 13:1, 3); además, era igual, en esencia y autoridad, a Dios Padre.
Cuando Jesús agrega,“Y tienes razón, porque lo soy”, hace una afirmación que está totalmente en armonía con su gran declaración de 10:30: “Yo y el Padre uno somos”. Los que pretenden que Jesús nunca se presentó a sí mismo como el objeto digno y legítimo de adoración, están claramente en un error.
Ahora viene la aplicación. Se argumenta de mayor a menor: “Pues si yo, vuestro Señor y Maestro los términos están invertidos ahora, porque es sobre todo como Señor que Jesús puede exigir el derecho a la obediencia he lavado vuestros pies (y la forma misma de la frase condicional indica que se supone correctamente que esta acción efectivamente ha tenido lugar), vosotros también debéis (tiempo presente) lavaros los pies los unos a los otros”. Sin duda que, si el Señor de la gloria está dispuesto a ceñirse con una toalla, a tomar la forma de siervo, a lavar y a secar realmente los pies de aquéllos que están muy por debajo de sí mismo, debería resultar fácil a los que son simples discípulos prestarse este servicio de amor entre sí con espíritu de genuina humildad. Adviértase la posición enfática de los pronombres en el original. Hemos tratado de conservar algo del sabor del original por medio de la letra bastardilla.
¿Instituye Jesús aquí una nueva ordenanza, la del lavamiento de los pies? No, no manda a los discípulos que hagan lo que ( ) él ha hecho; les ha dado un ejemplo a fin de que ellos, por decisión propia, puedan hacer como (καθώς) él ha hecho. En consecuencia, agrega expresivamente: “porque ejemplo ( πόδειγμα sólo aquí en Juan, aunque se encuentra también en He. 4:11; 8:5; 9:26; Stg. 5:10; y 2 P. 2:6) os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis”. Jesús ha mostrado (cf. el verbo δείκνυμι) su humildad ( πό) en la misma presencia de ellos (de ahí, πόδειγμα).
Pero aunque aquí no se ha instituido ningún sacramento que deba imitarse literalmente, esto no elimina el hecho de que bajo ciertas condiciones quienes quieran mostrar su hospitalidad de esta forma estén haciendo lo que corresponde (cf. 1 Ti. 5:10). Debería, sin embargo, subrayarse que lo que Jesús tuvo en mente no fue un rito externo sino una actitud interna, la de la humildad y voluntad de servir.

Amén, para la gloria de Dios.


Bibliografía:
Comentario del nuevo testamento por William Hendriksen